
Evolución social
Manifiesto
Hace demasiado tiempo que nos hallamos ante una situación de decadencia sistémica en la que las injusticias campan a sus anchas. Los gobiernos y administraciones demuestran una soberana incapacidad para responder a las necesidades de la ciudadanía, cuando estas requieren ir más allá de los mecanismos establecidos por el propio sistema, a no ser, claro está, que las afectadas sean entidades o corporaciones de orden superior, a las cuales sí se les puede aplicar medidas excepcionales.
Las grandes corporaciones y multinacionales, con un inmenso potencial para contribuir al buen desarrollo de la sociedad, son máquinas financieras cuyo objetivo principal es el balance de resultados, lo cual deja en segundo plano el servicio que pretenden prestar y en tercero el bienestar de las personas. En su afán mercantilista, las entidades y corporaciones de orden superior influyen, condicionan o directamente se saltan a los gobiernos, impidiendo la resolución de cuestiones que puedan afectar a sus intereses y evitando el control por parte de las administraciones, aunque sus consecuencias impliquen el aumento de la desigualdad o el paulatino empobrecimiento de la mayoría.
Las estructuras de poder y sus medios de persuasión se encargan de mantener el status quo existente, a lo que también contribuyen consciente o inconscientemente los bandos políticos irreconciliables que, en el ejercicio de su representación popular, se bloquean mutuamente obstaculizando la aplicación de medidas necesarias para la solución de problemas. La clase política y sus canales de comunicación, usan a su vez la información para manipular a la población y reforzar su ideología afín, negando permanentemente la del adversario, por acertado que pueda estar, un hecho a todas luces absurdo, irracional y digno de consulta psiquiátrica para cualquiera que se pare a pensarlo por un instante.
En esta pseudodemocracia, a los humildes mortales se nos concede la libertad de discutir entre nosotros sobre todo tipo de cuestiones, pero solo eso, no hay opciones reales de llevar a cabo cambios en su organización y estructura, y la posibilidad de introducir medidas, aunque exista entre la ciudadanía un mayoritario acuerdo, es remota.
En definitiva, ya sea por interés o por rigidez ideológica, se está perpetuando un sistema obsoleto y una forma de actuar que resulta social y económicamente ineficaz para el bienestar de la mayoría de la población.
