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Herramientas de evolución interior
La evolución interior requiere identificar adecuadamente aquellos patrones y creencias causantes de conflictos internos y, a ser posible, averiguar su origen. Hallar la raíz de dichos pensamientos contribuirá a entenderlos mejor y, en consecuencia, a transformarlos con mayor efectividad. Este proceso de regeneración conllevará un perseverante trabajo mediante herramientas mentales. Así mismo, es preciso asumir que esta evolución no va a ser un viaje corto ni sencillo, ya que es mucho el tiempo que puede llevar el patrón arraigado en nosotros y fuerte su resistencia al cambio, además, hay que tener en cuenta que durante la travesía puede que regresen a nosotros cuestiones que parecían haber quedado superadas. Sin embargo, una vez se comprueba como es de factible realizar cambios en el interior, abandonar el camino iniciado dejará de ser una opción.
- Autoconciencia: trabajar en la capacidad de ser conscientes de los propios pensamientos, sentimientos y comportamientos y reconocer sus consecuencias, de forma que se dé en nosotros una reflexión honesta desde la que comprender nuestras debilidades y fortalezas.
- Asimilar la imperfección: aceptar que el error es connatural al ser humano y que es inevitable que se dé por mucho que nos esforcemos. Este hecho lleva a dos consideraciones importantes: en primer lugar, implica que debemos ser comprensivos con los demás, así como con nosotros mismos, y la segunda, que es necesario perdonarnos por lo que lamentamos no haber hecho de otro modo. Cualquier intento fallido de alcanzar un objetivo de cambio, debe valorarse como parte normal del proceso, como ocurre en los aprendizajes en cualquier campo de la vida.
- Argumentación alternativa: ante cualquier patrón o reacción que pretendamos modificar, empezaremos por cuestionarla y rebatirla con una argumentación sólida para poder invalidarla de forma lógica e inapelable a fin de afianzar nuestro propio convencimiento, de este modo, se debilitará también la fuerza de la estructura del pensamiento y generará una mayor seguridad interior.
- Meditación: realizar ejercicios de meditación, como enfocarse en la respiración, relajarse realizando tres respiraciones profundas alargando la exhalación y aquietando la mente, o tomarse un momento para prestar atención a las sensaciones, todo ello ayuda a aumentar la autoconciencia, mejora la concentración, regula las emociones y promueve un estado de calma.
- Atención plena: permanecer en actitud pasiva mientras se observan pensamientos y sentimientos sin juzgarlos ni reprimirlos. Esta herramienta genera una distancia con el patrón a modificar que reduce su impacto emocional, a la vez que evita la reacción mecánica y el riesgo de caer en bucles. Resulta eficaz en respuestas automáticas de estrés, situaciones en la que una cuestión nos está afectando en exceso y reaccionamos instintivamente de forma desproporcionada. Al detener el proceso por un instante, nos proporciona un tiempo crucial para variar la reacción y detener el automatismo.
- Introducción de cambios: se trata de variar parte de la imagen o alguna palabra asociada al pensamiento a modificar. La inserción de un pequeño cambio será de utilidad para empezar a restar poder al patrón mental y permitirá reforzarnos al percibir la posibilidad de toma de control por nuestra parte.
- Visualización simbólica: en cuanto surge el patrón de pensamiento o la idea intrusiva, se proyecta un escenario imaginario positivo con el objetivo de desactivarlo. Por ejemplo, en un pensamiento repentino que evoca una agresión contra alguien, imaginaríamos una situación en la que se está dando la mano a esa persona.
- Código personal: un código interno que sirve de cortafuegos para ideas intrusivas recurrentes. Puede ser un gesto, una palabra interior o una imagen predefinida a la que se le otorga la capacidad de desactivar un bucle de pensamientos.
- Sonrisa resiliente: sonreír aunque sea levemente o forzar una sonrisa después de la aparición del idea intrusiva, por perturbadora que resulte, servirá para transmitirnos seguridad, manifestándonos que el pensamiento carece de fundamento real y que no hay una verdadera razón para temerlo.
- Propósito vital: el hecho de buscar el sentido a la propia vida es una herramienta que se retroalimenta. La misma búsqueda va dando sentido al propósito, al tiempo que contribuye a la evolución personal.
- Principio de realismo: discernir aquello que se puede cambiar de lo que no. Es posible actuar sobre nuestro funcionamiento interior, modificando patrones de pensamiento y formas de reaccionar. Sin embargo, hay que asimilar que aunque podamos intervenir sobre algunos elementos, existen factores que están fuera de nuestro control y que pueden condicionar el resultado de nuestras acciones.
- Identificación de valores: comprender nuestra propia identidad y los valores que priorizamos es esencial para buscar la coherencia entre nuestros pensamientos y acciones, lo cual nos permite advertir posibles fuentes de conflicto por conductas no alineadas con nuestros principios.
- Lenguaje interior: es preciso cuidar la forma con la que nos hablarnos a nosotros mismos, hacerlo siempre positivamente y evitando ser autodestructivos. De igual modo, las argumentaciones que utilicemos en otras herramientas mentales deben ser claras y bien razonadas, a fin que nos resulten absolutamente convincentes.
- Control de expectativas: el exceso de expectativas es un factor causante de ansiedad y frustración, el trabajo mental no es ninguna excepción y hay que determinar metas alcanzables para no caer en el pesimismo o el abandono.
- Distanciamiento: trabajar pensamientos y conductas como si de un objeto de estudio se tratara, de esta forma, se genera una distancia entre las ideas y nosotros, reduciendo el impacto emocional y aumentando la efectividad de las herramientas.
- Enfoque en el presente: dirigir la atención hacia el ahora y concentrarse en el presente, a fin de evadirse de las rumiaciones sobre el pasado o el futuro, que nos encadenan a sentimientos negativos como la tristeza, estrés, preocupación o miedo.
- Profecía autocumplida: ejercicio de visualización en el que nos imaginamos controlando los aspectos de nuestra mente en cuestión y consiguiendo el objetivo propuesto. Refuerza la confianza y aumenta la motivación para continuar con el propósito.
- Observación emocional: prestar atención al malestar que nos generan ideas o situaciones que evitamos pero que se repiten periódicamente. Esa observación será clave para reconocer conflictos internos y poder empezar a trabajar en ellos.
- Escritura automática: escribir sin pensar dejando que el inconsciente fluya y se manifieste. El texto escrito puede reflejar elementos internos reprimidos que nos permitirán descubrir aspectos conflictivos.
- Reflexión de gratitud: centrarse en aquello que podemos agradecer de nuestra vida en el día a día, entrena la mente en lo positivo y nos aleja de la rumiación de pensamientos adversos. Al enfocarnos hacia una perspectiva positiva, mejora el estado de ánimo al tiempo que contribuye a aumentar nuestra resiliencia.
- Comunicación inconsciente: una forma de abordar transformaciones internas es a través del inconsciente, interviniendo en él para reorientarle desde el consciente y convertirle en colaborador de nuestros propósitos. El modo más efectivo de realizar esa tarea es mediante la práctica de una comunicación con símbolos, imágenes y visualizaciones encaminadas hacia nuestro propósito. En cuanto al uso del lenguaje interno, es preciso hacerlo siempre en positivo, hablando en presente y primera persona. Es esencial buscar las condiciones para una óptima recepción de información por parte de nuestra mente, como es el momento entre la vigilia y el sueño, el del despertar, así como los estados de relajación basados en técnicas de meditación.
Conoce tu mente, siente el espíritu
