Compensación mental

21.03.2026

Un hecho externo considerado injusto o desmedido que nos ha causado una afectación negativa, es un tipo de energía que ha accedido a nuestra mente y que, lejos de desaparecer por si sola, puede provocarnos alteraciones que nos lleven a reacciones inapropiadas o perturbaciones de carácter interno, dicha energía, necesita ser compensada para su neutralización.

La perturbación que se instala en nuestra mente, es la inequívoca señal de que tenemos un trabajo interior a realizar. La adecuada gestión empieza por ser conscientes que nosotros no somos los emisores de esa energía, en consecuencia, no somos responsables de ella y no tenemos porqué asumir como nuestra esa negatividad.

Una de las reacciones más efectivas para afrontar un hecho de esas características es el silencio. El silencio como respuesta exterior e interior implica un rechazo al contenido de la acción, rehuyendo la confrontación y evitando que esa energía llegue a adentrarse en el pensamiento y se convierta en rumiación. Utilizar el silencio como respuesta de balance, requiere haber asimilado completamente que la energía negativa pertenece a la fuente emisora y a su percepción subjetiva, al tiempo que demanda una comprensión empática de la potencial situación del sujeto transmisor. Ambos factores impiden que se genere una afectación interna y la acción queda automáticamente compensada.

Otra posible reacción ante esas energías es la respuesta básica a medio camino entre el silencio y la respuesta profunda, con la que a veces contestamos a una perturbación externa. Dicha respuesta implica que nos hemos dejado contaminar por esa energía negativa y que, al no haber podido o sabido expresar lo preciso para equilibrar la energía creada en nuestro interior, se originan bucles de rumiación. En este caso, para liberarnos de los pensamientos, cabría el uso de herramientas mentales como la  argumentación alternativa o las visualizaciones de compensación simbólica.

La opción de una respuesta profunda sería el modo más completo de equilibrar la acción perturbadora externa ya que, por un lado, se compensa la energía al expresar y liberar las razones que argumentan que lo manifestado carece de fundamento y, por otra parte, se le da la oportunidad a la fuente emisora de observar que su valoración puede responder a un estado de conflicto interno, abriéndole la posibilidad de un aprendizaje. Sin embargo, la respuesta profunda no está exenta de complicaciones, esta debe tener la forma y la intensidad adecuada, ya que si es desproporcionada, puede provocar una espiral de negatividad y, posteriormente, generar remordimientos y bucles de rumiación.