Inconsciente espiritual

08.01.2026

Si tuviéramos que buscar una representación del espíritu en el mundo de la ciencia admitida, lo encontraríamos en el inconsciente y sus características. Al igual que el espíritu, el inconsciente es inmaterial, tiene la capacidad de guiar nuestros actos y es una vía de conocimiento profundo a través de una inteligencia global e intuitiva, que en el caso del espíritu sería el acceso a lo oculto mediante la conexión con lo trascendente o divino. Ambos son esenciales, se comunican simbólicamente y están entrelazados a una consciencia. 

Por su equivalencia, el inconsciente podría ser considerado como una ventana al ámbito espiritual, desde el que buscar respuestas interiores, con razonamientos tanto desde un punto de vista religioso como laico, aunque sin la necesidad de tener que adoptar normas, mandamientos o leyes que nos provoquen algún tipo de rechazo, que puedan coartar nuestra libertad de pensamiento crítico, ni tampoco el desarrollo personal de una creencia propia, capaz de hacernos comprensible nuestra existencia y la del mundo que la rodea.   

El acceso a la espiritualidad nos da también la oportunidad de encontrar explicaciones a cuestiones existenciales complejas que, aunque en ocasiones pueden ser realmente percibidas, no son aceptadas por el rigor científico. Así mismo, nos ofrece la posibilidad de indagar en nuestra parte más profunda, resolviendo conflictos internos y liberándonos del dominio que ejercen sobre nosotros nuestros más primitivos instintos y patrones mentales personales, familiares o culturales.

Existe un tipo de conflictos interiores que precisan del conocimiento personal desde un ámbito espiritual, ya que su resolución depende de factores que nuestra mente racional no puede llegar a procesar conscientemente o, si llega a hacerlo, se descubre que son necesarias herramientas más allá de los recursos psicológicos normativos ya que, en la mayoría de casos, los desequilibrios de carácter interno son resueltos intentando anular o mitigar sus efectos por vías diversas.

El inconsciente espiritual no solo nos sitúa ante una perspectiva desde la que abordar de modo diferente ciertas problemáticas, sino que nos facilita su análisis al ubicarse en otra dimensión de la realidad, creando distancia con el espacio en el que se generan los desequilibrios y permitiendo trabajar los elementos con mayor objetividad y efectividad. 

Los valores asociados al mundo de la espiritualidad como el amor, la compasión, la humildad o la fe, se convierten en herramientas útiles a la hora de re-equilibrar o transformar los aspectos en nosotros causantes del conflicto interior. Por otro lado, el enfoque espiritual nos resultará de ayuda en la búsqueda de nuestro propósito de vida y nos servirá para comprender, desde un punto de vista distinto, como el balance del mundo interior es clave para nuestro bienestar, enseñándonos a gestionar y controlar los impactos de elementos externos desequilibrantes.