Percepción

15.12.2025

La percepción es la capacidad de nuestro cerebro para interpretar el flujo de información de los estímulos y sensaciones presentes en nuestro entorno. Esta capacidad requiere no solo la captación de datos por parte de la mente, sino el uso del raciocinio y la imaginación, a fin de organizar y dar significado a la información recibida.

Las percepciones deben atravesar nuestro propio filtro interno que, en ocasiones, distorsiona la información externa transmitida, transforma su sentido y condiciona nuestras reacciones. Esta distorsión puede ser debida a patrones de pensamiento arraigados o por influencia de ciertos estados emocionales. El grado de veracidad con el que percibamos la realidad, será decisivo a la hora de realizar elecciones y respuestas adecuadas y también para mantener nuestro bienestar interior. 

La neurociencia nos muestra que, ante una percepción de peligro, el cerebro reptiliano y el sistema límbico o cerebro emocional, reaccionan liberando hormonas de estrés, esto hace que aumente el ritmo cardíaco y la tensión muscular, y que el cuerpo se ponga en estado de alerta a fin de prepararse para la lucha o la huida. A partir de ese momento predominarán respuestas emocionales primitivas tales como el miedo o la ira.

La impresión extrema de una experiencia negativa o un esfuerzo mental excesivo realizado desde la ansiedad, puede ser entendido por el cerebro como una amenaza y conducir a una respuesta de estrés, en ese punto, la parte más primitiva de nuestro cerebro tomará el control, poniendo en marcha las reacciones emocionales básicas, en consecuencia, la actividad del neocórtex decaerá y se verán mermadas capacidades como las de razonar y el reconocimiento de patrones.

Del mismo modo que sucede con los pensamientos intrusivos, ante un evento negativo externo, como sería el de un ataque personal injustificado o desmesurado, debemos observar la situación sin actuar y reorientar la respuesta de estrés automática antes de generar reacciones contraproducentes. El entrenamiento con técnicas de relajación y la visualización de nosotros mismos gestionando apropiadamente sucesos adversos, serán herramientas de gran efectividad.

Estudios realizados respecto a la activación de áreas cerebrales, indican que la mente no distingue entre un elemento real de elementos imaginarios, por lo que una idea negativa instalada en nuestro interior que constituya una preocupación intensa, nos afectará como si fuera real. Tomando esa misma premisa, la  visualización del logro de nuestros propósitos generará las mismas conexiones neuronales que si fueran una realidad, lo cual permitirá sintonizarnos con los objetivos fijados y facilitará que nuestra mente los reconozca como algo natural y no ofrezca resistencia a los cambios que los propósitos puedan implicar.