Sincronicidad
La sincronicidad es un concepto acuñado por el psiquiatra Carl Gustav Jung, que definió como una conexión significativa entre dos acontecimientos independientes, en una coincidencia no causal donde el mundo parece responder al estado interior del observador.
Los dos factores que definen a la sincronicidad son, una imagen inconsciente que se manifiesta en la conciencia a través de una experiencia física o mediante una idea o sueño y un hecho objetivo externo que coincide con la imagen manifestada, expresando un significado profundo y claro para la persona. Estas son coincidencias con una gran resonancia personal, no vinculadas por la causa y el efecto y cuyo grado de improbabilidad tendría que ser expresado con una cifra astronómica.
Las sincronicidades podrían ser divididas en cuatro grupos esenciales:
- Sincronicidad de advertencia: avisos de atención en momentos de cambios y decisiones importantes.
- Sincronicidad de confirmación: señales que corroboran que se va por el camino correcto.
- Sincronicidad premonitoria: símbolos o sueños que nos indican un acontecimiento que está por venir.
- Sincronicidad de manifestación exterior: encuentro de objetos, personas o situaciones que coinciden con los deseos o pensamientos.
Una de las sincronicidades más conocidas relatadas por el propio Jung, es el caso de una paciente que se encontraba en una sesión en su consulta, la paciente le explicaba un sueño en el que le regalaban una joya de oro con forma de escarabajo, cuando escucharon un sonido en una de las ventanas. Al ir a comprobar qué era descubrieron a un escarabajo de color dorado.
Otros ejemplos de sincronicidades generales serían: números o símbolos que se repiten, o soluciones a cuestiones interiores reflejadas al contemplar algo de forma casual.
Tanto si pensamos la sincronicidad como una transmisión de información desde una energía a la que estamos conectados, como si creemos que somos nosotros mismos los que, consciente o inconscientemente, creamos esas señales al ir en busca de respuestas, su interés es incuestionable. El hecho de que algo se manifieste (o pensemos que lo haga) con extraordinaria singularidad, es motivo suficiente para prestarle atención y detenerse a observar si contiene algún tipo de significado que pueda ayudarnos en la comprensión y resolución de cuestiones internas.
