Trascendencia y espiritualidad
El hecho de tomar consciencia de nosotros mismos ha conducido al ser humano, desde tiempos inmemoriales, a investigar el origen y la finalidad de la existencia y a plantear diversas hipótesis para dar explicación a todo aquello situado más allá de lo medible científicamente. Preguntas como cuál es el sentido de la vida o quiénes somos en realidad, no representa solo la voluntad de conocernos y comprendernos, sino que son verdaderos instrumentos para nuestro desarrollo.
Intentar responder a la pregunta de quiénes somos nos lleva irremediablemente a la búsqueda de nuestra propia esencia y, para encontrarla, necesitaremos distinguir todo lo que no forma parte de nuestra íntima naturaleza y que nos ha sido inculcado en el transcurso de la vida. A través de la observación interior, podremos llegar a reconocer estructuras de pensamiento y sistemas de valores transmitidos por el entorno familiar, social y cultural, que incorporamos como propios a nuestra identidad.
Tras apartar los velos con los que hemos cubierto nuestro ser, con creencias limitantes y normas culturales dependientes del rincón del mundo en el que a uno le ha tocado nacer, se muestra lo que nos sería básicamente común: un ser con la capacidad de razonar y emocionarse, y una estructura fundamentada en la supervivencia, el amor, el desagrado y la curiosidad.
Asumiendo que tengamos satisfechas nuestras necesidades vitales y liberados de prejuicios mentales, el movimiento natural nos conducirá hacia aquello que nos causa bienestar y a cuidarnos de lo contrario. La razón y el instinto serán los compañeros de nuestra innata curiosidad en el objetivo de hallar los caminos que nos lleven a ese bienestar, al tiempo que nos irá guiando hacia la realización personal, tanto externa como interna.
A través del autoconocimiento adquiriremos las herramientas para gestionar con mayor eficacia nuestro viaje por la vida, discerniendo qué podemos cambiar de ella y lo que no, y aprendiendo a aceptarlo con entereza. Esta evolución mental nos llevará a una conexión entre nuestro ser, el ego y el inconsciente, capaz de generar un estado de paz interior y llevarnos a nuestra naturaleza más profunda y trascendente.
La propia búsqueda del sentido de la vida nos reorienta hacia algo más allá del mundo material. La observación consciente de la realidad y de nosotros mismos, nos conduce a una perspectiva espiritual en la que nuestro ser se manifiesta como parte de algo más grande que él mismo, un ser entrelazado a una naturaleza cuya organización y funcionamiento nos revela una instintiva inteligencia que, por su perfección en orden y estructura, se extiende al universo.
Llegados a este momento de comprensión, no puede sino despertar en nuestra consciencia la humildad de quién se sabe parte de un todo. El íntimo sentimiento de conexión que se produce hace que, como individuos, nuestros propósitos externos e internos sigan encaminados a conseguir el propio bienestar, pero con la conciencia de hacerlo también en beneficio del entorno en el que estamos integrados. De este modo, y desde las condiciones que el desarrollo personal posibilite, trabajo y talentos se convertirán en herramientas para causar un impacto positivo en uno mismo, en la sociedad y en el ecosistema en que se habita.
