Conexión
Desde tiempos inmemoriales y diversas culturas, el ser humano ha sido entendido como una dualidad entre cuerpo y alma.
El cuerpo físico es el medio por el que nuestro ser se relaciona con el entorno, un medio que no solo comprende el mundo material sino que, por el desarrollo de su estructura cerebral, ha logrado dotarse de consciencia de si mismo, conteniendo en su interior distintas capacidades emocionales y racionales que, junto a la genética, la educación y la cultura, han generando una identidad propia. Esta identidad es indispensable en nuestra vida ya que nos individualiza frente al resto y nos sirve como herramienta de auto-protección, sin embargo, los patrones arraigados en dicha identidad, pueden constituir un obstáculo para los nuevos aprendizajes y a la hora de resolver cuestiones profundas, como por ejemplo, encontrar nuestro propósito o la existencia del alma.
El alma es descrita comúnmente como principio vital o sustancia espiritual que se manifiesta como nuestra esencia trascendente, una esencia que nos da sentido y nos explica como seres, dando respuesta a aquello que la ciencia no ha podido demostrar debido a sus criterios de verificación. Así como con el cuerpo tenemos la evidencia física de su existencia, no ocurre lo mismo con el alma, lo cual la sitúa en posición de desventaja para lograr su reconocimiento, un reconocimiento que solo se produce en las experiencias de búsqueda interior. Desde la perspectiva existencial del alma, se evidencia la unidad estructural del universo, el funcionamiento en perfecto equilibrio que lo sostiene y una evolución de sus elementos hasta llegar a nosotros, seres conscientes con un propósito intuitivo igual al del universo: evolucionar hasta realizar el propio potencial.
Por una parte, para entender y resolver cuestiones relacionadas con la identidad, necesitamos un campo desde el que examinarla en perspectiva, de modo podamos observar prejuicios y desequilibrios internos. Por otro lado, a fin de lograr la comprensión y conocimiento del alma, debemos recurrir a un espacio que permita su exploración. El ámbito que conecta y que permite estudiar y trabajar estas dos dimensiones fundamentales no es otro que el de la mente.
La mente es una entidad abstracta concebida como el contenedor de la psique y de sus procesos que atesora un poder de intermediación clave, ya que siendo el lugar en el que se desarrollan los pensamientos, intuiciones, instintos y emociones, nos permite establecer una auto-observación, abriéndonos la posibilidad de corregir y modificar actuaciones. La mente es pues el instrumento capaz de gestionar el comportamiento de la identidad física, pero también puede ser utilizada para descubrir y experimentar en nuestro interior esa esencia trascendente llamada alma, desde donde encaminar al ser hacia la realización del propósito que encierra su potencial.
