Sendero de evolución

Sendero de evolución


En un proceso de evolución interior debemos realizar un ejercicio de auto observación para llegar a un efectivo conocimiento interior, pero nosotros no somos el único factor que interviene en el desarrollo. Nuestras circunstancias, es decir, el entorno cultural y las experiencias diarias con quienes nos rodean, revelan en cada interacción nuestras luces y nuestras sombras. Para realizar el trabajo de evolución personal es esencial observar nuestro funcionamiento interno, y para ello, debemos saber cuáles son las distintas fuentes de conocimiento que existen en nuestro ser. El instintivo que alerta de cuestiones relacionadas con la supervivencia, el emocional que se manifiesta en sentimientos, el de la inteligencia o entendimiento racional y el intuitivo o la compresión inmediata global.



A fin de modificar patrones mentales inadecuados es necesario conocer su mecanismo. Como ocurre con el cuerpo, si la mente mantiene el apropiado equilibrio no se generan daños de relevancia. Cada reacción o pensamiento es una energía que se aplica en respuesta a otra, ya sea esta conscientemente o se trate de una manifestación inconsciente. Cuando la energía es excesiva o insuficiente se origina un desequilibrio que causa un conflicto interno. La cuestión es, entonces, la forma en que utilizamos dichas energías y como se compensan para devolver el equilibrio.

Investigar en nuestra propia conducta y pensamientos nos proporciona un mapa que debemos ser capaces de usar como herramienta de aprendizaje, ya sea para corregir, potenciar o integrar algún conocimiento en nosotros. Para esta investigación contamos con la ayuda de las particulares funciones de nuestros dos hemisferios cerebrales, que nos ofrecen la posibilidad de adquirir información y examinarla desde perspectivas distintas y complementarias. Por un lado, tenemos el hemisferio izquierdo encargado del razonamiento, el análisis y el lenguaje, y por otro, el hemisferio derecho, sede de la creatividad y la intuición. Mediante el hemisferio derecho podremos acceder a un conocimiento intuitivo instantáneo que se expresa a través de fenómenos inconscientes, sincronías y símbolos. El hemisferio izquierdo será el encargado de organizar toda información percibida, decodificando y haciéndola entendible a nivel racional. Usando las funciones de cada uno de los dos hemisferios podremos revelar y acceder a una esencial información interior que nos llevará, no solo a entendernos, sino a identificar y trabajar aquellas estructuras mentales conflictivas que nos perturban, bloquean y no permiten nuestra realización.

La herramienta fundamental que debemos analizar para gestionar adecuadamente esas energías es el propio lenguaje, con el que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás, pero el lenguaje va más allá, ya que no solo lo usamos para definir lo que existe en el exterior, sino que es el instrumento con el que se ha ido construyendo nuestra identidad y nuestras creencias, y no siempre las más convenientes para nosotros. Es por ello que debemos reflexionar sobre el lenguaje y analizar cómo nos definimos, qué nos decimos y cómo lo hacemos. También es preciso observar el lenguaje hacia los demás y examinar la influencia sobre sus reacciones, unas reacciones que, sin el adecuado trabajo interno, nos afectan. A partir de ahí, debemos establecer conceptos y estructuras comunicativas útiles para resolver conflictos tanto exteriores e interiores.

El uso del lenguaje simbólico resulta efectivo para trabajar ese tipo de energías tanto a nivel consciente como inconsciente. Cualquier signo es, por si mismo, una unidad de información que expresa el concepto que manifiesta. Las letras, en su origen etimológico o por convencionalismo ancestral, son signos que contienen el significado de lo representado, así que cada letra es, en sí, un símbolo. El símbolo que representa una entidad o una idea no es solo un signo que transmite una información, sino que absorbe su contenido y genera en la mente el mismo efecto de aquello que está expresando. El símbolo se convierte en una energía psíquica que nos permite trabajar cuestiones internas en nuestros dos lenguajes básicos: el lógico y el intuitivo.
Sendero de evolución es una herramienta de desarrollo personal compuesta de un diagrama en las que se hallan las 27 letras del abecedario, cada una de ellas dotadas de su definido simbolismo, distribuidas en 5 dimensiones: la dimensión material, la emocional, la mental, la espiritual y la potencial. En cada una de las dimensiones se hallan letras que describen ciertas cualidades basadas en su significado simbólico respecto a la dimensión en la que se encuentra y los desequilibrios por exceso o defecto que pueden originarse.